jueves, 19 de junio de 2014

Los Reyes también lloran ...

ABDICACIONES HISTÓRICAS


"Estoy decidido a casarme con Mrs. Simpson y a marcharme”. Sin asomo de duda, Eduardo VIII de Inglaterra pronunció estas palabras y abdicó el 11 de diciembre de 1936, tras diez meses de reinado –había subido al trono el 20 de enero de ese mismo año al morir su padre, Jorge V
Otra abdicación sorprendente fue la de Balduino I de Bélgica en 1990, porque duró dos días. Se produjo a raíz de la aprobación por el Parlamento de la ley del aborto, que Balduino, debido a sus convicciones católicas, se negó a firmar, pese a que estaba obligado por la Constitución. 

Lucio Cornelio Sila, quien se había apoderado del gobierno de la República romana en el 81 a. C. con un mandato que no establecía ninguna limitación temporal. Tras una guerra civil, este político implacable restauró la paz mediante el terror y la proscripción de sus enemigos, para abandonar el poder apenas dos o tres años después.

En España, la abdicación más trascendente fue la del emperador Carlos V. Dueño de medio mundo, del Perú al Báltico, con Europa unida bajo su corona, al final de su vida se encontraba muy enfermo de gota. Como su hijo Felipe ya había cumplido veinte años, dos más de los que tenía el propio Carlos cuando fue proclamado emperador, decidió pasarle el testigo para que liderase una época distinta, en la que los intereses nacionales se estaban imponiendo sobre el proyecto de la unión imperial. Sin embargo, no pudo cumplir su voluntad, ya que la oposición de su hermano Fernando le obligó a entregar a éste la corona del Sacro Imperio Germánico, mientras Felipe II se quedaba con el gobierno de España, la potencia hegemónica del momento. Una fastuosa ceremonia celebrada en Bruselas el 25 de octubre de 1555 marcó la abdicación de Carlos V. 

Sirva esta noticia para rendir un merecido homenaje a Juan Carlos I, que hoy es sucedido por su hijo Felipe

Sin duda, la mejor noticia del día.



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